martes, 21 de mayo de 2019

Descenso a los infiernos (novela pornográfica por entregas I)

Gertrudis era una chica normal, super normal, yo diría que demasiado normal. Vivía con su madre, con la que tenía una relación de amor-odio. Bueno, en realidad de amor no tenía nada, sólo odio, la odiaba con todas sus fuerzas y aprovechaba la mínima ocasión para criticarla, lo que pasa es que no tenía lo que hacía falta para buscarse un hombre e irse de casa. O simplemente irse de casa, sin más.

Gertrudis era profesora, la típica profesora amargada y a sus casi cuarenta era todavía virgen. Soñaba que llegara un príncipe azul, pero este tardaba en aparecer. Eso sin contar con que, aun en el caso improbable de que éste llegara, no es probable que la relación llegara a nada, en primer lugar porque el rostro de Gertrudis, siempre cubierto por sus horrendas gafas, no era exactamente lo que se dice fácil de mirar para él y en segundo, porque ella rechazaba todo acercamiento. Sin embargo, Gertrudis no era completamente desdeñada por los hombres, pues de cuello para abajo su cuerpo sí era bello, pues era alta y delgada, con un par de pechos minúsculos pero respingones, unas piernas largas, un cuello esbelto, un vientre plano, unas caderas protuberantes y un buen culo.

La vida de Gertrudis se desarrollaba en el más completo aburrimiento, ya que para colmo tenía una aversión patológica a todo lo que fuera relaciones sociales. Quizá acomplejada por la fealdad de su rostro, rechazaba participar en todo tipo de saraos organizados por los escasos amigos con los que contaba o compañeros del instituto en el que trabajaba. Se pasaba el día mirando internet y chateando, pero como tampoco tenía muchos amigos... ¿Cómo iba a aparecer el ansiado príncipe azul?

 Así, los chicos no se fijaban tanto en su no muy agraciado rostro y siempre había quien le quería echar un polvo. Aunque había otro problema y es que Gertrudis no tenía lo que se dice una gran facilidad de movimientos. Digamos que era torpe de cojones y el baile no era lo suyo. Si es que lo tenía todo, la pobre.

Gertrudis tenía una compañera de piso que era una verdadera golfa. Un día Gertrudis le dio el punto y decidió depilarse el chochito, pintarse las uñas de negro y salir a una discoteca ataviada con minifalda, zapatos de tacón, medias de rejilla, jersey con escote y, por supuesto, maquillarse.

Ese día Gertrudis estaba super caliente y


Juan era también un chico normal, digamos que ramplón. Tenía cuarenta años y escasa experiencia en el sexo. No era muy atractivo que digamos.

lunes, 22 de abril de 2019

Fragmento de "La sangre derramada" (B. Péret)

La ceniza que es la enfermedad del cigarro imita a los porteros cuando descienden por la escalera mientras su escoba al caer desde el cuarto piso mata al empleado del gas.

lunes, 15 de abril de 2019

¿Quién necesita críticos?

Esta primavera La Claqueta vuelve fuerte, con el IV Ciclo de Críticos y Programadores, titulado ¿Quién necesita críticos? y con la presencia de nada menos que ¡diez personalidades de la crítica y la programación cinematográfica de primera línea!, con las que charlaremos sobre otros tantos temas de rabiosa actualidad dentro del mundillo, siempre con el telón de fondo de la cuestión de para qué sirve hoy en día un crítico de cine.

Tendremos nada menos que dos presentaciones de libros recién salidos de la imprenta, el de Jesús Palacios (TerrorVisión, Valdemar) y el de Antonio Santos (Tiempos de ninguna edad, Cátedra). También entorno a un libro girará la intervención de Manuel Hidalgo El último austrohúngaro, que es el título de sus conversaciones con Luis G. Berlanga y el recientemente fallecido Juan A. Hernández Les. Será un homenaje a los dos con la película El verdugo (1963) de fondo. Elena Oroz nos hablará de la videoartista y comisaria suiza Ursula Biemann. Un mito de la crítica cinematográfica radiofónica, Carlos Pumares, hablará de sus cuarenta años en la profesión. Ana Useros nos planteará la posibilidad de una cinefilia feminista. Juan Sardà proyectará su nuevo cortometraje, que pretende ser un homenaje a Vittorio de Sica y su Ladri de biciclette (Ladrón de bicicletas, 1968). Antonio Weinrichter nos hablará del concepto de "post-cine". Carlos Aguilar hará una apología del oficio de crítico. Por último, un gran conversador, Francisco Javier de la Plaza nos trazará una breve historia de la Cátedra de Cine de Valladolid, que recientemente cumplió nada menos que 55 años, siempre bajo su atenta mirada y de la que atesora multitud de anécdotas.


El programa será el que sigue:

04/05/2019: Jesús Palacios: TerrorVisión. Presentación del libro "Relatos que inspiraron el cine de horror moderno".
11/05/2019: Antonio Santos: Tiempos de ninguna edad. Presentación del libro "Distopía y cine" .
18/05/2019: Manuel Hidalgo: El último austrohúngaro.
25/05/2019: Elena Oroz: Ursula Biemann. Un pasaporte propio.
01/06/2019: Carlos Pumares: La crítica cinematográfica desde la radio. 
08/06/2019: Ana Useros: Hacia una cinefilia feminista (con Robin Wood).
15/06/2019: Juan Sardà: Homenaje a Vittorio de Sica.
22/06/2019: Antonio Weinrichter: ¿De qué hablamos cuando hablamos de post-cine? 
29/06/2019: Carlos Aguilar: ¿Críticos? ¡Menos mal!
06/07/2019: Francisco J. de la Plaza: 50 años de la Cátedra de Cine de Valladolid.

Como siempre, todas las sesiones serán a las siete de la tarde en la sala de proyecciones del CSA La Tabacalera (C/ Embajadores 53).

martes, 9 de abril de 2019

Un escritor con carácter

El escritor francés Alain René Lesage (1668-1747), autor de uno de mis libros favoritos, las Aventuras de Gil Blas de Santillana (1715-1735), debió de ser todo un carácter. Aunque se sabe poco de su vida, al parecer era una persona muy independiente que rechazaba el mecenazgo de los nobles, tan imprescindible en aquellos tiempos para que un artista sobreviviera.


De acuerdo con un relato, la duquesa de Bouillon le invitó en una ocasión a leer un manuscrito, costumbre muy de la época. La hora convenida era el mediodía, pero el literato a esa hora estaba enfrascado en asuntos legales que lo retuvieron hasta la una de la tarde. Cuando finalmente apareció en el Hôtel de Bouillon y trató de disculparse, la duquesa, fría y distante, le regañó porque sus invitados habían perdido una hora esperando por su llegada. "Eso es fácil de arreglar, señora", replicó Lesage, "no leeré mi comedia y así ustedes ganarán dos horas". Dicho eso, abandonó la mansión y nadie fue capaz de convencerlo nunca más de que entrara en la casa de la duquesa

domingo, 31 de marzo de 2019

martes, 26 de marzo de 2019

Consejos para artistas contemporáneos

Esta temporada se lleva mucho el compromiso, lo político y lo social, así que mete estos tres conceptos en tu obra aunque sea con calzador. Que no parezca que tu arte es despolitizado.