lunes, 1 de julio de 2019

I Gira de Madrid Spoken Word: Con la venia

"Con la venia de la sala...". Con esa expresión se inician los alegatos en los juicios. Y con el permiso del respetable presentamos la primera mini-gira de Madrid Spoken Word, en la que juntaremos varios de los mejores artistas de la palabra del momento, tanto de aquí como de otros lares. De hecho, tenemos la suerte de que nuestro cabeza de cartel, el puertorriqueño-estadounidense Samuel Miranda se encuentra de visita en España. Gracias a ello, podemos contar con este profesor de escritura creativa y autor de dos libros que es todo un referente en el mundo del spoken word latino en lenguas inglesa y española de Washington D.C. También nos acompañará el chileno (si bien este afincado en nuestro país desde hace mucho tiempo) Julio Cubillos. Completarán el plantel poetas de primerísima calidad: Sergio García Soriano, Olga Milonga, Jorge Valverde y Silvi Orión. Serán dos domingos, uno en Madrid y el otro en San Lorenzo del Escorial. Debido a problemas de agenda, no todos estarán las dos veces. Los que seguro que no fallarán serán los habituales presentadores del espectáculo: Jesús de la Vega y Luis Pisonero. En resumen, dos veladas llenas de poesía, humor, rap, narraciones y otras formas de palabra hablada.

Carteles diseñados por Nati Romay

La cita en Madrid será en San Mateo Circus (C/ San Mateo 6, muy cerquita de la calle Fuencarral) el domingo 7 de julio de 2019 a las ocho de la tarde. La entrada costará 3 euros.


La cita en San Lorenzo será el siguiente domingo a las doce del mediodía en el espacio de eventos del restaurante, museo y edificio histórico Las Cocheras del Rey (C/ Rey 51). En esta ocasión, lo haremos con taquilla inversa, es decir, pasando la gorra como toda la vida. ¡Os esperamos a todos en alguna de las dos sesiones o, mejor, en las dos!

domingo, 9 de junio de 2019

¿Os acordáis del vídeo de "Thriller"?

En él Michael Jackson llevaba a una chica a ver una película de terror. ¡Qué raro que no se llevara a un niño!

domingo, 26 de mayo de 2019

Marc Bolan y yo

Descubrí a Marc Bolan y a T. Rex gracias a un amigo que me pasó una de aquellas cintas grabadas con los que de mi generación formamos lo que Vázquez Montalbán llamaba nuestra educación sentimental. Enseguida me voló la cabeza, sobre todo por dos canciones "Get It On" y "Hot Love". Su ritmo infeccioso y bailongo me conquistó. Tiempo después compré en una tienda de segunda mano otra cassette, esta original. Se trataba del The Slider. Supe que me iba a gustar nada más ver su portada, con las letras en rojo y la foto frontal en blanco y negro de Marc Bolan con un gran sombrero (que mucho más tarde descubrí que había sido tomada por Ringo Starr, quien dirigió una única película, Born To Boogie, con Bolan de protagonista). Lo que no me imaginaba era hasta qué punto me iba a marcar, pues ese disco sigue siendo uno de mis favoritos a día de hoy. Después descubrí la versión en directo de Big Star de "Baby Strange", una canción del álbum The Slider que me había pasado un tanto desapercibida y el disco tomó una nueva dimensión para mí. Luego conseguí la mayoría de los discos de Tyranosaurus Rex, más tarde acortado al consabido T. Rex y descubrí más canciones que pasaron a ser mis favoritas, como "20th Century Child" y tantas otras.

La famosa foto tomada por Ringo Starr

Os preguntaréis: ¿a qué viene todo esto? En realidad todo ello es una introducción para contar una historia personal que tiene que ver con Marc Bolan. Y es que, cuando vivía en Londres, por mi cumpleaños me regalaron su biografía A True Star, de Marc Patress. Ahí venía información sobre el lugar en el que había muerto y decidí ir a buscarlo. No me costó mucho encontrar el árbol contra el que chocó el coche que conducía su novia, Gloria Jones (él tenía pánico a los coches y nunca se sacó la licencia de conducir), causando la muerte instantánea de nuestro protagonista. Fue el 30 de septiembre de 1977, el mismo año de la muerte de Elvis Presley y del nacimiento del punk, movimiento que tanto le debió a Bolan.

Comprobé que el árbol estaba lleno de papelitos, notitas dejadas por fans (entonces todavía no estaba en el lugar el busto que hay hoy, erigido por su hijo Rolan). Pero eso no es todo. Al leer el libro me había fijado en dónde falleció pero no en dónde nació. Cuál fue mi sorpresa cuando, al poco tiempo, encontré de casualidad en mi propia calle la placa del lugar donde se crió, en el barrio judío de Stoke Newington. Recordemos que Marc Bolan, el rey del glam (en realidad llamado Mark Feld; formó su apellido artístico combinando letras del nombre de Bob Dylan), era, como tantos otros cantantes de rock, de origen hebreo. Pensé que su fantasma me acompañaba y se me pusieron los pelos de punta.

sábado, 25 de mayo de 2019

Los Goethe: expertos en últimas palabras

Bien conocidas son las últimas palabras del poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe. Al parecer, lo último que dijo en su lecho de muerte fue "Luz, más luz". Poético, ¿no? O quizá se podría decir que hasta "científico", pues el escritor también había sido un científico que dedicó muchos esfuerzos a descubrir el comportamiento, precisamente, de la luz.

Pero resulta que también su madre, Katharina Elisabeth Textor, fue ocurrente con sus últimas palabras. Ante la insistente intención de unas amistades de visitarla en su último lecho, dijo a sus criados que las impidieran entrar con las palabras: “Dígales que la Señora Goethe está muy ocupada muriéndose”.

Goethe leyéndole a su madre

martes, 21 de mayo de 2019

Descenso a los infiernos (novela pornográfica por entregas I)

Gertrudis era una chica normal, super normal, yo diría que demasiado normal. Vivía con su madre, con la que tenía una relación de amor-odio. Bueno, en realidad de amor no tenía nada, sólo odio, la odiaba con todas sus fuerzas y aprovechaba la mínima ocasión para criticarla, lo que pasa es que no tenía lo que hacía falta para buscarse un hombre e irse de casa. O simplemente irse de casa, sin más.

Gertrudis era profesora, la típica profesora amargada y a sus casi cuarenta era todavía virgen. Soñaba que llegara un príncipe azul, pero este tardaba en aparecer. Eso sin contar con que, aun en el caso improbable de que éste llegara, no es probable que la relación llegara a nada, en primer lugar porque el rostro de Gertrudis, siempre cubierto por sus horrendas gafas, no era exactamente lo que se dice fácil de mirar para él y en segundo, porque ella rechazaba todo acercamiento. Sin embargo, Gertrudis no era completamente desdeñada por los hombres, pues de cuello para abajo su cuerpo sí era bello, pues era alta y delgada, con un par de pechos minúsculos pero respingones, unas piernas largas, un cuello esbelto, un vientre plano, unas caderas protuberantes y un buen culo.

La vida de Gertrudis se desarrollaba en el más completo aburrimiento, ya que para colmo tenía una aversión patológica a todo lo que fuera relaciones sociales. Quizá acomplejada por la fealdad de su rostro, rechazaba participar en todo tipo de saraos organizados por los escasos amigos con los que contaba o compañeros del instituto en el que trabajaba. Se pasaba el día mirando internet y chateando, pero como tampoco tenía muchos amigos... ¿Cómo iba a aparecer el ansiado príncipe azul?

 Así, los chicos no se fijaban tanto en su no muy agraciado rostro y siempre había quien le quería echar un polvo. Aunque había otro problema y es que Gertrudis no tenía lo que se dice una gran facilidad de movimientos. Digamos que era torpe de cojones y el baile no era lo suyo. Si es que lo tenía todo, la pobre.

Gertrudis tenía una compañera de piso que era una verdadera golfa. Un día Gertrudis le dio el punto y decidió depilarse el chochito, pintarse las uñas de negro y salir a una discoteca ataviada con minifalda, zapatos de tacón, medias de rejilla, jersey con escote y, por supuesto, maquillarse.

Ese día Gertrudis estaba super caliente y


Juan era también un chico normal, digamos que ramplón. Tenía cuarenta años y escasa experiencia en el sexo. No era muy atractivo que digamos.

lunes, 22 de abril de 2019

Fragmento de "La sangre derramada" (B. Péret)

La ceniza que es la enfermedad del cigarro imita a los porteros cuando descienden por la escalera mientras su escoba al caer desde el cuarto piso mata al empleado del gas.